La pared era banca.
De ladrillos rojos
pintados de blanco.
La pared era blanca.
Y de pronto se rompe
en vacío de blanco:
los árboles verdes,
el azul del cielo,
el gris de las nubes.
La tierra era roja.
Era blanca.
Y de pronto...
El estallar de vida,
el latir de sangre,
el soñar de los ojos,
la palabra en los labios,
el brotar en los pámpanos,
el volar de los pájaros.
La pared era blanca.
Todo era blanco.
Desde siempre blanco.
La noche se pone oscura.
El negro se pinta
sobre el quicio blanco.
Cerrado está el borde
de la puerta blanca.
En la noche negra,
todo sigue blanco.
Para siempre negro,
cosido con blanco.