Te esperaba siempre.
Una golondrina miraba
de frente.
El agua corría
y el río sentía tus pisadas firmes.
Rosas amarillas en jarrón de cobre.
En tazas pequeñas,
el tilo humeante.
Una golondrina mirará
mis manos tan solas acaso,
y muy despacito
pasará otra
tarde.
L.G.