Hoy me he despertado sobre las laderas de una montaña embrujada.
Bajo su cima ovalada revestida de verdes abetos frondosos,
dos cuencas como ardientes estrellas fulguraban.
Un par de incipientes volcanes frente a mí se alzaban,
mis dedos con lentitud arañaron sus cimas encrespadas,
haciendo erupción con solo mirarlas.
Por sus laderas en curva rebosantes de flores,
nacía un rio de corrientes raudas,
que depositaba su cauce en un
cálido lago de olas hechizadas.
Yo fui un estallido fuerte en sus aguas y en su fango
me hice caverna y me hice remanso,
me perdí en cascada y con su cálida niebla
me cubrió en su manto.