El aire, es necesario que circule
entre las grietas casi invisibles de
los sueños, para que, en la penumbra,
puedan verse eso suspiros,
-requiebros aeronáuticos-, con los que
poder confirmar todo el misterio,
toda la audacia y también, toda la incertidumbre,
que habitan en el mundo onírico.
Mundo siempre tan
cercano y lejano a la vez;
mundo sin hogar fijo;
agencia imaginaria de fugaces viajes
con ignoto lugar de partida
y de llegada.