De repente todo empieza a calmarse. Aunque fue aquel astuto engaño, que con su deseo de consumir cada rastro de luz, despejó el cielo para que confiarse en aquel bello azul pero así como nuestros ojos no perciben los colores reales. Tal fue lo que creímos ver que decidimos reposar nuestros pies.
En ese momento la temible oscuridad nublo ese poco brillo en nuestras pupilas.
Ya era tarde, volviste a caer en ese invierno frío y oscuro que en vez de asustarte, solo te recuerda cuan acostumbrado estás a las tinieblas, mucho no se olvida. Más bien cada vez el recuerdo es más claro.
Cuanto durara la espera?
Aún está oscuridad no se ha ido, pero ya estoy pensando cuando volverá. Vívir con eso y amargamente aceptar que así es y será.