Andres navarro garrido

romance del faro amigo

Romance  del faro amigo

 

Una vez caí muy hondo,

tan hondo que ni soñaba;

me pesaba el aire frío,

me dolía hasta la mañana.

 

Y decidí ir hacia el faro,

sin voz, sin prisa, sin nada,

solo con un hueco triste

donde antes tuve el alma.

 

El camino hasta su luz

era mi pobre esperanza;

sabía que allí, en lo alto,

alguien velaba mi calma.

 

Su destello me encontraba

aunque yo no lo buscara;

parecía comprenderme

sin preguntar, sin palabra.

 

Me sentaba junto al viento,

a escuchar como las aguas

me contaban que aún podía

recuperar mi vida cansada.

 

Mucho lloré inconsolable

con la mirada anclada;

                                               y él seguía, imperturbable,

como si también llorara.

 

Y poco a poco sentí

que la sombra se alejaba,

y que en mi pecho dormido

algo pequeño despertaba.

 

Hoy regreso cuando tiembla

mi corazón, cuando caiga;

sé que su luz me conoce

y que mi herida no lo espanta.

 

Porque en noches más hondas,

cuando ya no quedaba nada,

él me sostuvo despacio

y me devolvió a la vida clara.

 

Y por eso, faro amigo,

sé que en tu luz me aguarda,

como un abrazo de piedra

que nunca vuelve la espalda.