Es que la muerte no avisa jamás
es tan impredecible silenciosa
es rocío que cae de la rosa
igual que terremoto sin disfraz.
Es como un pestañeo cariñoso
abrazo de pestañas permanente
es que agoniza el sol por el poniente
parece un espectáculo grandioso.
Empezamos viviendo sin querer
producto de el amor y la pasión
alguien apagará sin compasión
esa luz que anhelamos comprender.
Más llega el gran día tan de repente
silencioso o también tan estridente.
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Salvador Santoyo Sánchez