Jesús Ángel.

Flujo eterno y universal.

 

Aunque hiera, falle o duela cuando algo termina,
y más aún cuando alguien ha de retomar su origen.

Es agua del río que nace en la montaña
y avanza hacia el mar.

Es dimensión del ser:
flujo, no propiedad.

Es expresión de la fuerza y la esencia de existir,
y en él no hay espacio para el mal.

Es lo que no se exige, no se posee,
no obsesiona, no se necesita,
y jamás se va.

Cuando se habita, se disfruta y por siempre se da.

Y como el agua que sigue su cauce,
a la hora de marchar
acompaña
y permanece en quienes lo acogieron de verdad.

Pues siempre ha sido así,
es y será.

Más allá de quien lo habite, nunca deja de estar, por ser flujo eterno y universal.

Es palabra de cinco letras
y fácil de habitar:

el amor.