Elena de Mayo

Corazón chupaflor

Él sabe que el corazón se abre y se cierra
como una pequeña flor.


Así lo formó, fue su determinación
cuando permitió a su creación
dar libertad de decisiones tomar.


Supo que el corazón se podría extraviar, sin cesar,
picando aquí, picando allá,
de flor en flor…
Hoy una fucsia,
mañana una petunia.
Como un chupaflor, el corazón va volando
en este mundo distractor.


Qué fácil me puedo perder…


Quizá en un pensamiento,
o tal vez en un sentimiento,
o en los afanes,
o cualquier contratiempo
que en este mundo me pueda quitar el aliento.


Qué facilito me pueden deslizar,
sin avisar,
me podrían alejar de tu palabra
y de tu ley celestial,
esa que a gran voz me pide
que te ame con todo el corazón.


Eso sí derrite mi interior.


Tu ley celestial solo me quiere recordar
que fui diseñada para cerca de ti estar.


La locura que no se puede ocultar
es lejos de ti caminar.


Tu palabra, paso a paso, me va iluminando.


Jesús, que es la luz,
va irradiando y destellando todo rincón:
mi alma y mi ser interior.

Tú permites que mis ojos puedan ver
por medio de la fe
que Papá Dios no se rindió,
e insistió con tanto amor
cuando Jesús bajó y me rescató.

Fue allí, en aquella batalla que libró en el seol,
me liberó: soy de Dios.

Ahora, su hija por adopción,
pertenezco a su clan,
del linaje celestial,
descendencia de Emmanuel,
quien no me dejará perder.