Se abre paso el barquero,
entre los juncos floridos con su remo en la mano,
a los ojos de un vasto cielo...
Es un hombre solitario,
en su barca cuchicheando al confidente pantano,
como quien cuenta un sueño...
Va remando y remando,
hasta que decide tomarse un descanso prolongado,
por la fatiga y el desaliento...
Vive en un vacío teórico,
pues en el aire deletrea con la punta del cigarro,
Dios siempre está conmigo...