El país de obsidiana
Robar pretendo el sueño con el aroma
del café que has dejado entre mi ropa,
vencer por fin la herida de este frío
como un secreto que los dos guardamos.
Habitar el silencio de tu rostro,
ser el mechón que busca tus orejas
y sentir, al momento de abrazarte,
que el mundo, por fin, se encuentra a salvo.
Retener el aliento de tus ojos,
ese país de obsidiana profunda,
mientras la tierra se deshace en piezas
y saber que me quieres hasta el hueso.
El universo cabe en este roce,
en la memoria fiel de nuestra piel;
mi alma está llena de tu cielo claro
y mis pasos se rinden a tu puerta.
No busco ya la forma de escapar,
prefiero arder en este incendio vivo
donde todo se quema e ilumina,
donde tu sombra es luz que me rescata.
El milagro es tenerte aquí, conmigo,
en este oficio dulce de buscarte,
respirando tu nombre cada día
mientras la vida se me llena toda.
m.c.d.r