Ganhdi Valencia

Me pierdo

Perdí ese instante en que mis labios dejaron de besarte,

cuando tomé labios prestados, labios ajenos,

un refugio que confundí con destino.

 

Y pierdo cuando mi aliento te busca,

como si fuera su oxígeno imposible,

como si mis pulmones solo supieran vivir contigo

y aprender a morir sin ti.

 

Me pierdo cuando mis manos ya no alcanzan tu sombra,

cuando te vuelves lejana, tardía,

envuelta en una oscuridad que ahoga mi voz

antes de tocarte.

 

Y te llamo,

te llamo por tu nombre,

por cada adjetivo que inventé para sostenernos,

porque en el fondo sabía

que nos inventábamos mutuamente

para no caer en el vacío.

 

Y aun así caímos.

 

Y pierdo más aún cuando mis besos

escapan entre el viento y la marea,

cuando se disuelven en un destino

que ya no nos pertenece.

 

Y no encuentran morada,

morada que en un pasado fue dulce

y ahora es el presente maldito, torcido,

torcido por una ruina

que se aferra a mi costado.

 

Me pierdo,

pierdo el rumbo mientras mis brazos insisten en buscarte

como si fuera posible regresar

al lugar que me ofrecieron tus brazos.

A esa mentira hermosa que alguna vez amé.

 

Y aun así te nombro,

aunque sé que lo nuestro ya es ceniza fría,

que el último incendio se consumió sin avisar

y dejó mis paredes negras

y un beso hueco.

 

El que pierdo, sí,

pero esta vez no me busco.

No quiero encontrar el eco que dejaste

respirando en mi silencio,

sin tocar la herida que insiste

en tener tu forma.

 

Porque al final —y este es el final—

descubro que fui un visitante en tu orilla,

un pasajero que confundió tu abrazo

con eternidad.

 

Duele como muerde el frío

cuando ya no queda fuego,

como muerde la noche

cuando ya no queda luz.

 

Y cierro la puerta,

aunque tiemble,

aunque duela,

aunque mis manos quieran aferrarse

al temblor de lo que fuimos.

 

La cierro.

La cierro para no seguir muriendo

en un lugar donde ya no vivo.

Y sí, me pierdo,

pero me pierdo lejos de ti,

lejos del hueco que dejaste,

lejos de la mentira.

 

Para siempre.

Que sea lejos,

lejos de ese lugar

que jamás fue mío.