Al final del día no quedan hechos,
quedan restos.
Un cansancio exacto sobre la mesa,
las palabras que no cruzaron la habitación.
Las horas se quitan el peso una a una, como ropa usada que aún conserva el cuerpo.
Nada fue decisivo.
Todo cuenta.
Un gesto a tiempo, una omisión leve, la forma en que cerramos la puerta.
Eso es el balance: no lo que hicimos, sino lo que queda cuando el día ya no pide nada.
------------
Rafael Blanco López
Derechos reservados