Juan Roldan
Lagrimas derramadas
Ya no quedan lágrimas que derramar,
el dolor se difumina en la niebla,
mas no cesa: viento que se cuela
por las grietas que no puede colmar.
No es de nadie y atraviesa el andar
de la especie entera; su centella
arde en pérdidas que no son de ella,
sedimento que aprende a caminar.
Mas en su insistencia algo se rehace:
el espíritu ancho, sin nombre, obedece
a la herida que lo hace crecer.
Porque el llanto que el tiempo deshace
es el umbral donde nace la vez
en que el silencio aprende a amanecer.