Leoness

Tormenta y espejismo

Fuiste la hoguera en mi estación de hielo,

aquel amor turbulento que me nombra,

la caricia fugaz que rompe el velo,

y luego es solo abismo, sombra en la sombra.

 

Desgarradoras noches, el combate

del sí, del no, del cuerpo que se entrega,

el juramento íntimo que late,

mientras afuera el mundo se doblega.

 

Nuestras distancias casi insalvables

tejieron una red de ansia y espera,

la geografía en cartas implacables,

la soledad mordiéndonos la cera.

 

Y en medio, el tropiezo, la costumbre

de lo que fuimos, y lo que ya no es,

esa extraña y vital sensación de lumbre

que quema el alma, desde los pies.

 

Tu piel, mapa de costumbres chayas,

un dialecto que solo mi boca entiende,

mezcla de sal y arena de otras playas,

que mi sed busca y mi razón defiende.

 

Un espejo roto que refleja al tiempo

dos almas presas en su propia ley,

pasión de fuego, luego, contratiempo

de ser dos mundos que no tienen rey.

 

Te amo en el eco de ese adiós que duele,

te lloro en cada aurora sin tu tacto,

mi corazón, herido, pero fiel,

es el testigo de nuestro ardiente extracto.