Voy cortando las cerezas
que van manchando mis piernas,
pues bien dentro de mis rejas
no aguantaba las astillas.
Y re bien que se encajaban,
se quedaban las malditas.
Poco era que me rozaban
y se estremecían toditas.
Me jaloneaba hacia arriba,
tratando de entender el día,
una charca enrojecida:
es lo que ahora soy, vida mía.
Discúlpame lo que he hecho,
ya disfrutamos un poco,
pero ahora tengo el derecho
de descansar a mi modo.
Si te quise sin dudarlo,
tú eras todo lo que tenía,
hasta pudiera gritarlo…
pero me voy, ay, vida mía.