Carlos Andrey Vargas Araya

Tus espinas

 

En el jardín donde sembré mis días,
crecieron espinas de quien amé.
Mis enemigos llevan nombres antiguos,
nombres que guardé como oraciones.

La traición no vino con disfraz extraño:
llegó con la voz de quienes llamaba amor y hermano.
Camino calles que conocen mi historia
y paso junto a fantasmas cotidianos.

No hay saludo, no hay gesto, no hay mirada:
solo el eco de una tumba de recuerdos abandonada.
Y decimos el porque duele menos
que así es la vida, que así ha de ser.

Normalizamos estos cielos sin serenos,
este infierno que aprendimos a tejer.
Pero hay algo en mí que aún resiste,
que no quiere olvidar que amé de verdad.

Y aunque hoy me destruyan sin clemencia,
no olvidaré que amé con inocencia.