Contigo no tengo restricciones ni candados,
porque siempre que tú estés,
me siento a salvo.
Mis puertas y ventanas,
para ti,
siempre estarán abiertas,
ven cuando quieras.
Cualquier día,
a cualquier hora,
durante cualquier estación.
Cuando te sientas rota,
dañada,
con todo el peso del mundo encima,
o simplemente cuando quieras
a alguien que te escuche.
Yo siempre estaré feliz de verte.
Te recibiré con los brazos abiertos,
como lo que esperé durante años.
Reconstruire tus cimientos,
arreglaré tus rosales.
Te acompañaré en la noche más fría.
Aún sin que me llames,
aún sin que me lo pidas con palabras,
estaré para ti siempre.