Yo escribo desde un lugar profundo de mí.
Lo supe desde chica.
Siempre me reflejé en mí misma, dentro de un cuaderno, para observarme, analizarme,
y no copiar lo que no me pertenece o no me gusta.
No hay falsedad en mis letras, ni palabras dichas por compromiso.
No escribo lo que no siento.
No existen borradores para los sentimientos.
Lo que nace, nace así: verdadero.
Escribo con emoción, con experiencia, con heridas y certezas.
Escribo desde mi verdadero yo.
Hay conciencia humana.
Hay pulso.
Hay verdad.