Autor:Darío Daniel Lugo
Quieto habita aquello que el nombre no alcanza,
donde el lenguaje se quiebra y la noche
gobierna con la plenitud de lo absoluto.
¿Qué pulso late en ese centro?
No existe verdad que no se funde en la sombra,
pues el silencio no es vacío, sino el velo
que oculta nuestra propia finitud.
Eres el lienzo donde el tiempo se detiene,
una mancha de oscuridad sin orilla ni final.
¿Qué logras ver allí, donde el paso se agota?
Cruzar el abismo es un acto de naufragio:
lo que fuiste se desvanece en el umbral,
y lo que hoy eres ya no encuentra espejo.
La puerta permanece abierta,
pero solo el que acepta su propia pérdida
ha logrado habitar la distancia.
La elección no es un camino.
Es el abismo mismo reclamando tu nombre.