El norte fue mi día final.
Ahí se acabó el nombre
y empezó el expediente.
El centro no quema,
pero no deja dormir.
Aquí no se castiga:
se repite.
Cuatro letras:
pena.
Cinco letras:
ruido.
El caso murió,
yo no.
Camino entre paredes
que saben mi forma.
No me encierran,
me recuerdan.
No estoy vivo del todo,
tampoco condenado.
Eso es el centro:
esperar sin reloj,
respirar sin fe.
Del sur no sé nada.
Dicen que existe.
Yo solo sé
que si no avanzo,
este lugar
termina creyéndose eterno.