R.

Los locos

Que vida la de los locos,

los únicos cuerdos en un mundo apurado.

Dicen locura,

pero es valentía:

sentarse a mirarse por dentro

y descubrir qué hilo invisible

los mantiene ardiendo.

Mientras el mundo corre,

ellos caminan despacio,

porque han entendido

que la prisa no alcanza

a lo esencial.

Allá afuera todo es ruido,

aquí dentro todo es verdad.

El mundo imperfecto se vuelve adorno,

un marco frágil,

cuando el alma descansa

en atardeceres de nubes tintadas,

entre rojos que duelen

y rosas que consuelan.

Y aunque el sol marche,

no se lleva el instante.

Porque hay momentos

que no obedecen al tiempo:

solo existen.

Solo están.