El sol derrama oro sobre el muro,
las tazas tiemblan tibias en la mesa,
el agua canta, breve, su promesa
y el mate gira lento, tierno y puro.
Las plantas se desperezan sin apuro,
un pájaro inaugura la belleza,
y yo, sin tanta prisa en la cabeza,
rechazo un pensamiento, lo censuro.
Descubro en lo pequeño un universo,
la vida me recita el mejor verso
mientras sorbo en silencio su dulzura.
Y pienso: “Que milagro el día claro,
que todo empiece, y yo, sin calendario,
reciba su verdad sin armadura”.