Elena de Mayo

Café De Mamá

Mamá, mami, mi princesa, mi amor,
eran mis llamados al buscar tu atención.
Tú, a veces, no respondías,
quizá simplemente no querías.

 

Ahora no te llamo,
pero en mi corazón todo el tiempo te extraño.

 

Mi amor sin entregar
es lo que hace que mi ser
casi quiera explotar.

 

¿Cómo amar a quien ya no está?
Si hace unos cuantos días
tu sonrisa tenía, yo veía,
la escuchaba y en ella también me deleitaba.
¡Cuánto la disfrutaba!
Con tu sonrisa me iluminabas.

 

Cada día tu rico café
era como aquel cóctel que relajaba mi ser.
La verdad, más rico que el de Juan Valdez,
porque este tenía el ingrediente especial de tu amor,
también tu dedicación,
acompañado de tu ternura y abnegación.
Estos ingredientes,
más tu llamado insiste,
ya que el café sabe mejor caliente.

 

La mejor experiencia
era contar con tu presencia,
compañía preferida y perfecta.

 


Esos momentos que no se pueden comprar
ahora son más valiosos,
porque ya no los podré experimentar.

 

Tú,
lugar tranquilo de reposo,
que me llenaba de ternura y gozo,
ahora, ni tú, ni tu calor,
tampoco tu apoyo y comprensión.

 

 

Tu Jesús,
mi refugio, por favor sálvame otra vez,
calma esta fuerte tormenta que se despertó en mi ser.
Desvanece las tinieblas,

 

sana este dolor, por favor,
guíame bajo tu protección.
Sigo tus huellas al caminar,
es el camino que necesito transitar
y así entender
que fue tu voluntad
llevártela a tu Reino celestial.

 

Sé que junto a Él ahora estás, mamá.

Ella allá contigo, mi Cristo,
tú aquí conmigo,
me reconstruyes, Señor,
experto reparador.
O quizá, de este dolor
harás un nuevo ser de lo que quedó.

 

 

Gracias por su amor,
por lo que ella en mí dejó,
por todo lo que fue tanto,
aunque ahora ya no podré disfrutarlo.