Aún no llevo la cuenta
de mis estrellas perdidas,
del tiempo que pasó
y fue envejeciendo a mi vida.
Ya no estoy en la espera
del llanto aquel en mis pupilas,
de deshojar a una flor
para saber si sigue siendo mía.
Un tiempo que no se queda
una llama que me dejó las cenizas,
y yo con todo el dolor
de aquello que fue nuestra despedida.
Ni una palabra siquiera
ni una sombra ya conocida,
tan solo una historia de amor
y yo muriendo en esta noche fría.