Y te miro,
y miro tus colores:
brillando,
sonriendo,
llorando,
como tú,
como todos,
como nadie.
Tu brillo,
que habita mi cielo,
ese que solo conoce tormenta,
que está aprendiendo a despejar,
a mirar,
a sanar.
Porque da lo mismo
sonreír,
llorar,
gritar,
callar;
pero usted sonríe
y me provoca el llanto,
revelando mi sol.
Con tu arco iris,
con tu paz,
y te acompaño,
y te sonrío,
y te miro en mi cielo
mientras camino en la tierra.