Isidoro
Aquel día que lo encontramos
no sé cuantos años tendría,
nube oscura en sus ojos claros,
sus cabellos entre grises se desteñían,
mal alimentao y flaco,
en su costado tenía una herida,
tiritaba aunque fuese verano,
ya parecía que se moría.
Tenía el hocico, de seco, ya cuarteao
y su rabo hilachento muy poco se movía.
El dueño del campo, que se quedase no quería,
pero yo, bruto y porfiao
lo cuidé a escondidas y lo llamé “Isidoro” a ese perro flaco,
bestia pobre que para nada servía.
Pero una noche cuando del tambo,
ya tarde y cansado volvía,
el “Isidoro” descubrió sin zarandear el rabo
que algo dentro de la estancia se movía.
Eran ladrones al patrón amenazando,
habían tomado de rehén a su pequeña hija,
el “Isidoro” se abalanzó con dientes afilaos
y los ladrones huyeron sin llevarse ninguna vida.
Mas en el forcejeo un arma blanca le dio un tajo,
estuvo siete días y siete noches en agonía
hasta que el “Tata” Dios decidió llevarlo.
El patrón agradecido quiso salvar su vida,
pero el “Isidoro” se nos fue como había llegao,
con un hueco en el recuerdo que no lo olvida
y su correteo en las praderas del cielo que ha ganado.
Autor: Elhen Amorado