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Escribes con la sangre

«—Muchacho —le dije con dolor—, ¿a dónde vas con ese fusil?

—¿No ves? —él me dijo con rabieta—, mi viejo murió por una causa en la que no creía».

​Así nace la enseñanza de hoy. El libro del literato que toma tres copas al mes y habla de la Europa bendita se aparta de la raíz del obrero, del campesino que escribe con sudor lo que el destino ya siempre ha dicho.

​«—Muchacho —le dije con dolor—, ¿a dónde vas con ese fusil?

—¿No ves? —él me dijo con rabieta—, mi madre llora por la muerte de mis hermanos; los mataron por una causa».

​Escribes así, escribes por inspiración, tú, literato que vas a los burdeles de París, a la tienda romana de ese país del espagueti; vas a «inspirarte». No sabes que el profesor que enseña al indio sufre, el que enseña al mulato llora, porque en su raíz, en el vientre de tu país, ve el sistema desigual.

​«—Muchacho, ¿a dónde vas con ese fusil? —le pregunté con dolor.

—¿No ves? —me dijo con rabieta—, mi juventud sagrada ya no vale nada... ¿De qué sirve estar en un estado donde veo mi desigualdad? Donde veo que mi madre le lava la ropa al rico, donde mi viejo fue asesinado por lo que no creía, por lo que mi hermano murió, por ese sistema igual, por un día mejor...».

​Tú, tú escribes con ego, orgullo, tomas champán, ves en la tierra lejana paz sobrenatural; escribes por tu afán de alcanzar tu deseo. ¿No ves que el niño escribirá con sangre? Sí... la sangre nueva resurgirá en él.