Solo amé yo en la sombra callada,
tus pasos nunca supieron de mi querer.
Mi alma te buscaba, desesperada,
mientras tú vivías sin saber.
Guardé tus risas como un tesoro,
cada mirada era un fuego secreto.
Mi corazón, prisionero de tu oro,
latía por ti, sin decir un eco.
En mis noches susurré tu nombre,
y en el día fingí no sentir.
Solo yo viví este amor enorme,
que jamás tuvo derecho a existir.