Norma Cecilia Acosta Manzanares

(El título, en su cuaderno, sería solo una fecha o estaría tachado)

(El título, en su cuaderno, sería solo una fecha o estaría tachado)

Autor: Norma Cecilia Acosta Manzanares.

Caracas, Venezuela.

 

Decir que un poema es fácil  

es como decir que parir un hijo muerto  

no duele.  

Mentira de quien nunca ha tenido  

que escarbar en la lengua  

con las uñas rotas,  

buscando la palabra que no traicione  

el tamaño exacto del vacío.

 

Aquí no hay musa.  

Hay obstinación.  

Sudor seco en la sien.  

La hoja en blanco no promete,  

devuelve:  

es un espejo astillado  

donde debo reconstruirme  

antes de que amanezca.

 

No busco la palabra hermosa.  

Busco la que pesa,  

la que se clava en el zapato  

y te obliga a cojear  

hasta la última línea.  

La que, al leerla,  

te haga bajar la mirada  

y reconocer tu barro  

en el barro de mis sílabas.

 

No quiero gustarte.  

Quiero que esta tinta te confronte.  

Que al leer “desnudez”  

no pienses en metáforas,  

sino en la última vez que temblaste  

frente a otro cuerpo  

sin saber si era amor o miedo.

 

Fácil es escribir versos que adornan.  

Difícil es escribir uno  

que se te incruste en el pecho,  

que te crezca desde adentro  

y duela como crece lo verdadero.

 

Por eso tardo.  

Por eso rompo papeles.  

Por eso a veces solo queda  

el temblor de la mano  

y un verso que es apenas  

el eco de una herida  

que aún no sabe callar.