Para quienes han descubierto que el verdadero remedio no está en el olvido, sino en amar con más hondura; para quienes entienden que el amor, cuando es genuino, no teme a la huella del tiempo ni al silencio de los instantes, porque sabe transformarse: de sinfonía a melodía íntima, de arrebato a templo, de fuego que abrasa a brasa que perdura. Que estos versos sean testimonio de que el amor, cuando se entrega sin condición, se vuelve el único ritual que sana, consagra y transfigura hasta el último latido.
Para ti, Mi Pantera Negra.