Qué triste es el querer sin que te quieran,
igual que si te quieren y no quieres;
que te ame, a quien más amas, tú prefieres,
y en ambas las esperas desesperan.
Qué triste es esperar que te prefieran,
igual que te deseen tal como eres;
y a veces, los engaños y placeres,
florecen y en la vida proliferan.
A ver, dígame usted, cómo el enredo,
pulula en esta vida enamorada:
«Me quiere, a quien querer yo ya no puedo,
y quiero, a quien de mí no quiere nada».
Por eso, mi alma vive acongojada,
y triste por las noches siempre quedo...