He mirado en tus manos una fuga;
a lo largo y lo ancho un universo,
derramado por el dulzor de un verso
y sembrado en el surco de una arruga.
¡Que fue bueno y fue malo haber llorado
juntos, aquella noche de infinitos
pesares! Y en tus ámbitos benditos
caló la luna arte crepitado.
En tu voz: dulces trinos de esmeraldas.
He mirado tu cuerpo grana junto
al mío en la columna de un alfil
insinuando la suerte de tus faldas,
y en Egipto, un Oficuo. Y desde un punto
tenue, vi entre tus senos un marfil.
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John Morales Arriola