JUSTO ALDÚ

LOS DIOSES DEL TABLERO Y LA GEOMETRÍA DEL PENSAMIENTO (Ajedrez)

 

LOS DIOSES DEL TABLERO Y LA GEOMETRÍA DEL PENSAMIENTO (Ajedrez)

 

El ajedrez no es un juego: es una máquina del tiempo hecha de madera y silencio. Cada pieza arrastra siglos, cada casilla es una ecuación moral donde decidir es renunciar. A lo largo de la historia, algunos hombres y mujeres han logrado algo cercano a lo imposible: pensar mejor que su época. A ellos los llamamos, con justicia mitológica, los mejores ajedrecistas de la historia.

 

Hablar de los grandes es abrir un panteón. Garry Kasparov, volcán táctico y huracán teórico, llevó el ajedrez a una era de vértigo y preparación científica. Anatoli Karpov, su antagonista perfecto, fue el minimalismo hecho campeón: ganaba sin ruido, como una gota que perfora la piedra. Bobby Fischer, genio solitario, incendió el tablero con una claridad brutal y demostró que una sola mente podía desafiar a un imperio ajedrecístico entero. Más atrás, José Raúl Capablanca, cubano luminoso, parecía jugar sin esfuerzo, como si el ajedrez fuera su lengua materna. Y en la raíz de todos, Alexander Alekhine, romántico tardío, feroz, imaginativo, capaz de sacrificar la realidad por la belleza.

 

Pero el ajedrez no vive solo de nombres, sino de partidas que se recuerdan como sueños recurrentes.

 

Una de ellas es Fischer vs. Byrne, 1956, la llamada Partida del Siglo. Un adolescente Fischer sacrifica su dama no por espectáculo, sino por lógica pura. Las jugadas finales resuenan como un poema exacto:

 

Be6!!

Bxb6 Bxc4

dxc4 Ne2+

Kh1 Qg1+!!

Rxg1 Nf2#

 

Ahí el ajedrez deja de ser juego y se convierte en revelación.

Otra inmortal es Kasparov vs. Topalov, Wijk aan Zee 1999, una tormenta de sacrificios encadenados, donde la dama vuelve a caer como un satélite inútil ante la gravedad del ataque:

 

Rxd4!! Qxd4

Qe6+ Kh8

Be3! Qxe3

Qf6+ Kg8

Bc4+ Rf7

Qxf7+ Kh8

Qf8#

 

No es violencia: es geometría en llamas.

Y es justamente esa geometría la que convierte al ajedrez en una herramienta prodigiosa para el pensamiento lógico-matemático. Cada partida es un sistema cerrado de variables finitas, donde se entrena la anticipación, la abstracción, el cálculo, la toma de decisiones bajo incertidumbre. Se aprende a formular hipótesis, a refutarlas, a evaluar consecuencias. El ajedrez enseña a pensar antes de actuar y a aceptar que todo movimiento tiene un costo. Es álgebra emocional con rostro humano.

 

En este universo históricamente dominado por hombres, mi admiración se inclina con especial respeto hacia Suzanne Polgar. No solo fue una de las mejores ajedrecistas del mundo, sino una pionera. Nacida en Hungría, formada bajo un experimento educativo tan riguroso como polémico, Suzanne rompió barreras invisibles: fue la primera mujer en obtener el título de Gran Maestra por méritos propios, no honoríficos. Campeona mundial femenina, olímpica incansable, educadora apasionada, su vida demuestra que el talento no entiende de géneros, pero sí de oportunidades y disciplina. Donde otros veían límites culturales, ella veía casillas por conquistar.

Suzanne Polgar no solo jugó ajedrez: amplió el tablero.

 

Al final, el ajedrez sigue ahí, inmóvil y expectante, esperando a quien se atreva a pensar con profundidad. Porque en ese campo de batalla sin sangre, el verdadero triunfo no es dar jaque mate, sino aprender a razonar en medio del caos… y hacerlo con elegancia.

Ahora bien, muchos dirán:

¿Qué has hecho tú con el ajedrez, fuera de jugarlo con un ELO no muy alto por cierto 😂?

*Comentario extraído de un rotativo: JUSTO ALDÚ - Julio Alberto Stoute Duarte, ha sembrado un proyecto que convierte el tablero en brújula para niños y niñas que navegan mares de riesgo social y arenas movedizas de desigualdad. Su cruzada no es solo didáctica, sino una poesía en movimiento: enseñar ajedrez como si fuera un conjuro para que el pensamiento sea espada, el razonamiento escudo y la esperanza un rey indomable.

El proyecto que lo encendió todo:
“Proyecto de Enseñanza de Ajedrez para Niños en Alto Riesgo Social”, concebido por Justo Aldú / Julio A. Stoute, es un documento que propone usar el ajedrez para desarrollar habilidades cognitivas y sociales en niños en contextos vulnerables, perfilando su mente como laberinto de estrategias y su corazón como fortaleza de valores.

Aquí puedes ver el proyecto completo tal como fue publicado en línea:
👉 Proyecto de Enseñanza de Ajedrez para Niños en Alto Riesgo Social (Scribd)

Lugares donde este sueño se hizo real:
La enseñanza que germinó en Panamá se ha puesto en ejecución en escuelas de Argentina, El Salvador y varias instituciones educativas panameñas, llevando la lógica del tablero a aulas donde antes reinaba solo el silencio y la indiferencia.


Hito histórico: En julio de 2021, en el Albergue CAI Amador de Panamá, organice el primer campeonato de ajedrez dentro de un albergue de niños en toda Latinoamérica, un encuentro donde la victoria fue coronada por una niña de origen asiático, cuyo jaque mate resonó como un poema misterioso en los pasillos de la esperanza.

 

Y hay un comentario que se repite como eco: para muchos educadores, el mayor logro no es formar ajedrecistas, sino enseñar a perder sin romperse y a ganar sin humillar, una lección que —como buen jaque mate— trasciende el tablero y se queda jugando en la vida.

 

En blanco y negro sueña el destino,

calla la guerra bajo un solo rey;

cada jugada es un paso del camino,

pensar es vencer sin sangre ni ley.

 

 

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