José Luis Barrientos León

Dialéctica de la Ternura (A mi hija Naomi)

 

No se trata simplemente de la suma de los días,

esa aritmética lineal que nos impone el almanaque,

sino de la asombrosa metamorfosis de tu esencia

sucediendo ante mis ojos, como un milagro laico.

 

Tu crecimiento no es un alejamiento,

es una nueva forma de presencia;

una síntesis donde el recuerdo no es nostalgia,

sino la materia prima de tu arquitectura.

 

Aquella niña que fuiste no ha muerto,

subyace en la mujer que hoy interroga al horizonte.

 

He aprendido que la ternura es un rigor necesario,

la única fuerza capaz de sostener el peso del futuro

sin que se nos quiebre el alma en el intento.

 

Porque crecer, hija, es habitar la contradicción:

ser raíz que profundiza en lo vivido

y, al mismo tiempo, ala que desafía la gravedad de lo incierto.

 

Tu porvenir es un territorio que no me pertenece,

un mapa que vas trazando con el pulso de tu libertad;

mi esperanza no es que evites las tormentas,

sino que tu ética sea el faro que las atraviese,

y que preserves siempre esa capacidad de asombro

que es, en definitiva, nuestra única tregua ante el destino.

 

Estás aquí, siendo tú misma y siendo un poco de lo que fuimos,

una estafeta de sueños en esta carrera de relevos,

recordándome que el amor, cuando es lúcido,

no retiene, sino que impulsa hacia lo inabarcable.