Solo eso quedará en un sueño,
aunque no sabes cuántos he cumplido.
He soñado tanto
que algunos deseos aprendieron a ser piel,
y aun así, es verdad:
todo era sueño.
La delicia hecha pecado,
el murmullo tibio de tu presencia,
la delicadeza de tu ser
temblando bajo la obediencia
de mis dedos.
Las yemas te recorrieron
sin límites establecidos,
como si el tiempo dudara:
¿detenerse para mirarnos
o avanzar lento, muy lento,
a mi favor?
Fue crear arte en silencio,
donde cada tacto era un trazo
y cada roce,
un error hermoso un Morreo sin contención
respiraciones que no se atreven,
piel aprendiendo a decir
lo que la boca calla.
Y cuando desperté,
el cuerpo aún recordaba
cómo se sueña contigo.