Abrí mis manos y quise
llegar el cielo con ellas.
-Cogeré cuanto divise,
(pensé)
también luceros y estrellas...
Pero las bajé sin nada.
Soñé con un imposible.
Fue utopía desbordada
y una frustración terrible.
Y es qué, soy fruto de un mundo
anhelando lo imposible.
Egocentrismo profundo.
De una agonía increíble.
Queriendo ser el primero,
el más grande y el más fuerte,
insaciable de dinero
y robando a otros su suerte.
¡No es que el mundo sea pobre!
Negro, lo hacemos nosotros.
Lo pintamos de inestable
amedrentando a los otros.
Les plantamos barricadas
y hacemos ocultos fosos.
¡Luego decimos del mundo
que se está volviendo loco!
Y es que aceptar no queremos
nuestro egocentrismo tosco.