In memoriam
Renée Good, poeta.
Alex Pretti, enfermero.
Esta vez el silencio estorba
mientras la nieve nos espanta
y el frío enciende nuestro grito.
Un grito hueco, de justicia,
que va quedándose en el eco
de los que miran con espanto.
No hay rima alguna en este poema
-apenas el peso del dolor
va quemándole lo que nombra-.
Ayer las manos aplaudieron
la invasión a un país hermano.
¡Celebraron como imbéciles!
Hoy el karma les ha llegado:
dos muertos de su propia raza.
El dictador estaba en casa.
La Casa Blanca de juguete,
donde se fragua la existencia
de quien vive y de quienes mueren.
Una marea invernal se mueve
-parece un gramo de esperanza-
en este enero que fallece.
Señora justicia, dígame:
¿quién le ha disparado esa bala?
¡La sangre me ha helado hasta el alma!