A veces me pregunto quién sería
yo si hubiera tomado el camino
evitado o ya perdido, qué destino
sin tanto anhelo ni añoranza vería
con ojos llameantes de horizonte.
Una voz del interior sospecha,
cuando apenas visible y deshecha
vaga como neblina sobre el monte
la quimera a la luz de la razón,
que por otro caminó volveré
a esta vida, que en otra seré
el mismo y llevaré la desazón
de ahora en cuerpo ajeno.
Como yo, aquel extraño
buscará el calor de antaño
hundiéndose en el cieno
donde abrazo mi amargura.
A él también lo salvará el mismo
amor que se oculta en el abismo
del rencor, sin crepitar fulgura
y pregunta iluminando mi bajeza:
«¿Por qué te sientes miserable
si eres el mundo innumerable
y perteneces a toda su belleza?».