¿En qué momento
dejamos de soñar a lo grande?
¿En qué instante
nuestro mundo se volvió gris?
¿Cuándo fue exactamente
que dejamos de ser niños?
Poco a poco, hemos enterrado
en lo más profundo
a nuestro niño interior:
aquel infante lleno de felicidad
y sueños sin límites.
Ese niño cubierto de capas
duras y grises,
Él cual vive en una sociedad
que le enseñó
a aceptar una realidad amarga
y limitada,
donde soñar en grande
es una cosa absurda.
Aquel mundo resplandeciente
se volvió blanco y negro.
Por eso a veces debemos parar,
sentarnos con una taza de café
y recordar que, en el fondo,
somos niños en un parque.
Solo que algunos llevan puestas
máscaras tan gruesas
que aprisionan la risa inocente
y apagan la luz de sus miradas.
Ten presente lo siguiente:
a veces, para madurar de verdad,
no hay que ser un adulto,
sino atreverse a vivir,
—y sobre todo, a soñar—
como un niño.
Porque un niño puede darnos
la lección más sabia,
más profunda y clara,
que cualquier viejo.
del mundo.
—La muerte y el loco.