Escuché a unas señoras platicar sobre el diablo: las desgracias actuales son su culpa, decían.
Naturalmente, creo, resulta sencillo adjudicar las decisiones atroces , vergonzosas y más a una entidad que es la justificación práctica de las mismas, pues exime la responsabilidad.
Al final, supongo, todos somos algo de eso; de diablos y de santos.