Frank Rodríguez

A mi esposa

En tu mirada habita la calma
que el mundo a veces me niega,
una sonrisa sencilla, sin alardes,
pero capaz de ordenar mis días.

Once años no alcanzan,
no cuando el amor sigue aprendiendo,
no cuando cada desacuerdo
termina recordándome
que elegirte también es escuchar,
ceder, crecer.

No temo a los malentendidos
ni a los choques de ideas,
porque incluso en ellos
te sigo escogiendo.
Porque amar no es pensar igual,
es quedarse.

Quiero construir contigo
un castillo que no presuma torres,
hecho de paciencia, de risas pequeñas,
de silencios que no incomodan.
Que nuestra casa humilde y real
sea refugio cuando el mundo pese,
y hogar incluso en los días difíciles.

Que el calor de tus manos
me acompañe siempre,
no como promesa perfecta,
sino como verdad constante:
estar, volver, permanecer.

Once años no son suficientes.
No lo serán nunca.
Porque contigo,
el amor no se termina,
se sigue construyendo.