R.

Te volví a soñar

Te volví a soñar

y el deseo aprendió a tocarme

sin manos.

Lo sutil dejó de esconderse

y se volvió piel,

aliento cerca,

una verdad peligrosa

deslizándose despacio

como veneno dulce por la lengua.

Es encontrar un nuevo vicio

en la forma en que imagino tu sombra,

en cómo lo intangible

me aprieta el pecho

y me pide quedarme.

Me estoy volviendo más poeta

porque ahora entiendo a los locos:

ellos no inventan,

recuerdan demasiado bien

cómo arde lo que no se puede tener.

No sé si las cosas se dan,

pero si tuviera que embriagarme

lo haría en tu ausencia palpable,

en ese calor que no está

y aun así insiste.

Porque estuve en el cielo

cuando te pensé cerca,

y en el infierno

cuando abrí los ojos,

y ambos lugares

sabían exactamente a ti.