Toda la tribu estaba de acuerdo,
había que hacer un monumento
a la diosa madre
que nos mantenía vivos
entre la tierra y el aire.
Sea.
Primero el cuerpo:
la diosa tendrá su ser como montaña,
será visible en toda la llanura,
hasta el límite de las aguas,
hasta dentro de las almas.
Ahora, la voz y la palabra:
cuando el aire choque contra su cuerpo,
correrá por túneles hasta su boca.
Entre sus labios saldrán carcajadas
y alaridos de dolor
Será su voz para todo el planeta,
fuerte como la suma de todos los truenos.
Nada pudieron ni la fuerza ni los cálculos.
Antes de nacer murió la obra.
Cedió la montaña sobre sus túneles.
No hubo primera palabra.
Su único aliento fue de polvo y piedra.
Los huesos de los esclavos,
entre cascotes,
pueblan sus entrañas.
Volvió para siempre el silencio.
Nació para ser eterna
la Mujer Muerta.