Las raíces que me actúan de vigas
son:
una amalgama de nombres en latín
(dicen)
que se unen en la macedonias terminológicas
solo entendibles por un lenguaje inventado
solo para entender eso inentendible;
y todos los pulsos y pulsiones
(digo)
que me alcancen
al mirar el vacío entre la poesía y yo.
El pulso que me recorre las raíces
es
de mi libro favorito;
de alguna risa suelta;
de lo que nunca tuve escrituras
y su cercanía.
El pulso y las raíces
están rodeados:
de futuro incierto y palpable,
ese que no ha llegado todavía
y
de caras y espaldas doloridas,
esas que tiraron de la falda
llamada vida,
de esta planta que está intentando
moverse y pensar.