Hoy
el mar me habló en voz baja
como quien nombra
a alguien que no vuelve.
Las olas traían tu nombre
envuelto en sal y memoria.
Caminé descalza sobre la tarde
con el corazón lleno de ausencias
y entendí que amar
también es aprender a soltar despacio.
El cielo se quedó mirándome
azul, inmenso, fiel
como si supiera
que aún espero señales
en el horizonte.
Y aquí sigo
a la orilla del silencio
siendo marea que recuerda
siendo gaviota que no olvida.