No sé si me apetece dejar abierta esa grieta.
Antes la miraba buscando respuestas,
como si dentro aún quedara algo por salvar.
Como si el eco pudiera devolverme tu voz.
Hoy ya no.
Ahora la veo y sonrío un poco,
no por nostalgia, sino por alivio.
No todo lo que se rompe pide reparación.
Algunas cosas solo nos quieren enseñar
hasta dónde somos capaces de aguantar.
Y aprendí.
Así que no tapo la grieta, no la escondo,
no la evito.
Simplemente…
Sigo caminando sin mirar atrás.