La mente golpeada por el mar
y el inconsciente saliendo a respirar,
imploro armonía para este poema.
Es un pedido de auxilio,
S.O.S. para un alma aislada
que nunca aprendió cantar.
Jamás mis letras hilaron cantos
y el viento no trajo nunca acuerdo,
ni mis versos repicaron
sus sonidos en el viento...
Verbos, sustantivos y adjetivos
bosquejan una rara elegía
paralela a mis canciones.
Zarrapastroso,
adherí a melodías
creyendo en desequilibradas
primaveras.
Hoy arrinconado por titulares,
sobrevivo en un pequeño sitio
de ediciones desencantadas…
No encuentro música para mi canto,
ni signos que resuenen en el alma.
En la sumatoria de eventos,
sólo escasos acordes
me permiten a sobrevivir.