Transitando el viñedo
I. Pulposa timidez, ingenuidad con sed
Existe un pasillo largo y solitario.
Ventanas a izquierda y derecha.
En oriente el panorama montañoso josefino.
En occidente una señorita de tez blanca.
Ojos adormilados, machita sin marchitar.
Camino día a día y la busco entre el ventanal.
Cuando la encuentro en el pasillo,
sólo la observo.
Sonrío amablemente y digo: \"buenos días\".
Ella responde, apenas y se escucha y me digo: \"tiene una voz suave y tierna\".
Me retiro y continúo.
Dias después, la observo cruzar la calle.
Sonriendo con amigas y me resulta dulce.
Pequeña, suave y tierna. Es como una uva.
¡Sí, así le diré! ¡La Uvita!
Ella no sabe que así la pienso.
Ni sabrá.
II. Sabor a descubrimiento
El destino es incierto.
Como no sabemos qué pasará mañana.
Un día simplemente comenzamos a hablar.
Compartimos gustos rutinarios.
Ella adicta a la lectura y
yo cómplice y protagonista de mi poesía.
Me sorprendió que tuviese gusto por el vino.
No la veo probando algo tan de adultos.
La imagino más, bebiendo juguito de uva.
Le pregunté por ese sabor que desconozco.
Ideó ir por unas copas y a comer.
¡Me alegró esa propuesta!
Será interesante descubrir a qué sabe el vino.
Fuimos y yo no sabía que el vino y
la uva son lo mismo.
Ignoraba eso y fue interesante el sabor.
Era agrio al gusto y de aroma ácido.
Pero me gustó probarlo.
III. Elegías al culpable sabor
a. Antes del sabor
Hablaré claro porque odio las galimatías.
La he soslayado en ocasiones.
Sin ambigüedad confieso que activa mi Eros. Describiré lo que veo aunque pese y sea \"demasiado honesto o gráfico\".
Tengo mis años encima y reconozco una actitud pedante y, aún así, eso me desafió.
La notaba mirar a los demás casi con desdén.
Y yo la miraba con precisión cazadora.
Analizaba sus manos, sus ojos, el color de su cabello, su sonrisa poco esbozada, difícil de ver y encontrar.
En los pensamientos más primitivos cerraba mis ojos e imaginaba el sabor de su piel y la suavidad de su tez.
Mi vigor se magnetizaba al caminar a su lado; mi rigor era aquilatado por su mirada soslayada. Era una neblina. Densa. Aún sin sabor.
La serendipia fue golpeadora. Busqué placer y encontré clímax.
Reveladora.
El frenesí y el descontrol alteraron mi autonomía.
Fue el centro del postre relleno, el primer sorbo de agua, el último trago de vino.
b. Descifrando el sabor
Hoy observé de nuevo a mi femme fatale.
Igual que antes. Desdén.
Orgullosa casi altiva.
Si llevase esas cualidades a la degustación,
es ácida a percibir, agria en trato,
aunque por fuera parezca dulce y tierna.
Parece un buen vino. No cualquier paladar entiende esa mezcla.
Hoy tomé su mano y saludé cortésmente.
Llevé mis labios a su contrapalma y
le dije: \"qué avasallante conocerte y,
si me permite agregar, qué piel tan suave\".
Vi como eludía su mirada.
Una furtiva sonrisa se desbordó y
yo sentí el adagio de su piel.
¡Se despertó mi Eros!
Creció fuego en ese momento.
Ella me mira a los ojos.
Yo sostengo su mano todavía.
La coloco entre las mías y recito:
\"Una caricia tuya debe de ser bandolera al Eros.
Sólo viviendo un momento así,
puede llevarme a lo etéreo.
Vesti la giubba, querida\" - agrego.
Sonríe y quita su mano despacio mas sonrojada.
Asienta con la cabeza.
Me agradece sonriendo.
Su mirada no cesa de analizarme.
Yo sonrío.
La miro a los ojos.
Me retiro.
c. Después del sabor.
Ha pasado el tiempo y
de la mano, pasaron cosas.
La altiva y yo.
Nos conocimos más de lo que me permito decir.
Me elogió las palabras.
Acerté en mi cacería inicial.
Caminamos, reímos, bebimos...
... Nos besamos y las sombras aún dirán más.
Toda su fachada fue sopesada por su sabor.
¡Aquello fue barroco!
Inimaginable. Exquisitez en el punto.
Opíparo y doloroso festín... Ella.
Cautivó cada sentido de mi ser.
La adicción que me provocó me devora todavía.
Ahora la decepción me invade.
La miro... Recostada con su silueta entre satín.
El vigor se desgastó.
El rigor me abandonó mas el ansia sigue perpetua.
Con la luna en celo me digo: \"Libiamo di suo corpo\".
Quiero y no me lo permito.
He perdido autonomía.
Perdí el norte.
Perdí la cordura.
Su cuerpo se volvió mi mazmorra.
Sus labios mi embeleso carcelario.
Y su sabor mi pérdida.
¡Brindo por lo que fui y no volveré a ser!
IV. Embriaguez de orgullo, sobriedad soberana
Pensaba que br indaba con vino.
Sólo brindaba embriagado y perdido.
Hoy brindo por lo que fue y pasó y,
acompaño a quien fui y me convertí.
Sin más que agregar,
te agradezco y,
¡Salud!