¡Menudo poema!
Cuando, por fin se despliega
El silencio
Inmenso...
Bordar letras sobre papel de ser.
En la alcoba del cuerpo
La poesía inasible
Imágenes tan frágiles, efímeras
Se insinúan
Cual burbujas evanescentes.
Tremolando, los dedos
Arden de afán de rozarlas
Como un susurro.
Escribir.
Así el poeta hunde su pluma
En la tinta confundida de su sentir
Y perfila volutas
En las que se disuelven
Los lexemas.
Y retorna el silencio
Propicio
A la alquimia del verbo.
Luego el tenue latido del pulso
La gramática se vuelve ritmo
Las palabras policromas brotan en ramilletes
Y las sílabas, con címbalos
Silban, bailan.
¡Música!
Hasta el calderón.
¡1 2 3 4 5 6 7, 1 2 3 4 5 6 7!
El maestro anda exaltado
Por fin habitado.
El poema será firmado.
Ahora los verbos se inclinan con gracia.
Luego, de puntillas
Se van desvaneciendo
Cuchicheando
En decreciendo
Para unirse al viento
La resonancia se ha extinguido.
De nuevo el silencio.
Fin de la sesión.
¡Menudo poema!